El cierre de colegios e institutos en Paiporta este lunes ha provocado un importante enfado entre numerosas familias, que cuestionan tanto el momento como la proporcionalidad de la decisión adoptada por el Ayuntamiento.
Según el propio comunicado municipal, la suspensión de las clases fue acordada el domingo 14 de diciembre alrededor de las 18:00 horas, tras una reunión del CECOPAL, ante una previsión de alerta naranja prevista por AEMET entre las 06:00 y las 12:00 horas del lunes, dentro del episodio meteorológico asociado a la tormenta Emilia.
Sin embargo, a las 06:30 horas del lunes, el Centro de Coordinación de Emergencias de la Generalitat Valenciana (112 CV) publicó su parte oficial de planes activados por fenómenos meteorológicos, en el que se indica que la provincia de Valencia se encontraba en alerta amarilla por lluvias y tormentas, sin constar alerta roja ni naranja activa en ese momento para Paiporta.
Este desfase entre la previsión inicial y la situación real comunicada oficialmente por el 112 CV ha generado numerosas críticas entre padres y madres, que consideran que una decisión tan grave como cerrar todos los centros educativos debería tomarse el mismo día y en función del riesgo real, y no con más de doce horas de antelación.

Entre los comentarios de vecinos recogidos durante la mañana, se repite la sensación de exceso de sobreprotección. “¿Suspender las clases en alerta naranja? ¿Sabes cuántas alertas naranjas hay al año? Precaución sí, pero normalidad”, señalaba uno de los mensajes más compartidos.
Otros padres ponen el foco en la comparación con municipios cercanos, donde los centros han abierto con normalidad. “En otras ciudades no cierran con alerta naranja y la gente va a trabajar y los niños al colegio. Aquí parece que todo se paraliza a la mínima”, lamenta otro vecino.
También se cuestiona la coherencia en la gestión de emergencias. “Ojalá el día de la DANA se hubiera avisado con tanta antelación como ahora. Ni tanto ni tan calvo”, expresan algunos padres, recordando episodios recientes en los que, según afirman, la información llegó tarde.
Uno de los reproches más repetidos es la afectación directa a la conciliación familiar y laboral, especialmente cuando la alerta roja prevista finalizaba a primera hora de la mañana. “Si la roja acababa a las seis, no entiendo por qué se suspenden las clases. Esto descoloca a las familias y genera estrés innecesario”, apunta otra madre.
Varios vecinos insisten en que no se pueden suspender las clases cada vez que llueve, y reclaman que, salvo en situaciones de riesgo extremo, la responsabilidad pueda recaer en las familias, como ocurre en otros municipios. “Por una alerta roja se entiende, pero por amarilla o naranja no. Esto afecta a la estabilidad psicológica de los niños y a la organización de todos”, señalan.
Las familias recuerdan además que las administraciones disponen de mecanismos legales y operativos para reaccionar de forma inmediata si el riesgo se materializa durante la jornada. “Si a las 8 de la mañana la situación empeora, se actúa. Pero cerrar todo el día anterior sin riesgo real confirmado no parece lógico”, resumen.
El debate vuelve a situar sobre la mesa cómo deben tomarse estas decisiones, y si la prevención debe basarse en hechos objetivos y actualizados o en previsiones que finalmente no llegan a producirse, evitando convertir medidas excepcionales en una rutina que altera innecesariamente la vida diaria de cientos de familias.